jueves, 25 de abril de 2013

Otro relato. Impactante. Te deja sin aliento. No apto para todos...


Perro, Gata y Bebé
JOE R. LANSDALE

A Perro no le gustaba Bebé. Y, por cierto, a Perro tampoco le gusta­ba Gata. Pero Gata tenía uñas..., unas uñas afiladas.
Perro siempre había recibido atenciones y palmaditas en la cabeza.
—¡Toma, cómete esto! ¡Ay, qué bonito eres! Así, guapo. Dame la patita. ¡Siéntate! Así me gusta. Guapo.
Ahora estaba Bebé.
En realidad. Gata no había sido un problema.
Gata caía bien, pero la familia no la quería. A veces, a Gata le ha­cían carantoñas. Le daban de comer. No la maltrataban. Pero quererla de verdad, no. No del modo en que querían a Perro, antes de que Bebé llegara.
Una cosita asquerosa y rosada que lloraba.
Para Bebé eran los «ooooh» y los «aaaah». Cuando Perro trataba de acercarse a los Amos, éstos le decían:
—Fuera; ahora, no.
¿Cuándo llegaría ese «ahora»?
Para Perro nunca llegó. Ahora era siempre para Bebé. Para Perro, nada. A veces estaban tan ocupados con Bebé que pasaba todo el día antes de que le dieran de comer a Perro. A éste nunca más le han vuelto a dar cosas ricas. Ya no recuerda la última vez que le dieron una palmadita en la cabeza, o le dijeron «guapo, así me gusta».
Mal asunto. A Perro no le gusta.
Entonces, decide hacer algo.
Matar a Bebé. Así sería otra vez Perro y Gata. Ellos no quieren a Gata, y las cosas estarían bien.
Perro lo pensó. No le resultaría muy difícil despedazar a Bebé. Bebé, suave, sonrosado. Sangraría con facilidad.
A Bebé lo ponen en una cesta colgante cuando Ama sale a tender la ropa. Perro mira la cosita rosada que se mueve y piensa en despedazar­la. Piensa mucho, mucho. Y se pone tan contento de pensar que la boca se le hace agua. Perro se acerca a Bebé, y hace que ese momento tan bo­nito dure más.
Bebé ve a Perro acercarse despacio, casi arrastrándose. Bebé se echa a llorar.
Antes que Perro alcance a Bebé, Gata salta.
Gata, que estaba escondida detrás del sofá.
Gata persigue a Perro, destroza cara de Perro con dientes, con uñas. Perro sangra, intenta correr. Gata lo persigue.
Perro se vuelve para morder.
Gata hunde uña en ojo de Perro.
Perro ladra, corre.
Gata salta sobre lomo de Perro, muerde a Perro en la cabeza.
Perro trata de volver atrás y meterse en dormitorio. Gata le hunde las uñas, le clava los dientes, hace perder el equilibrio a Perro. Perro co­rre muy rápido, tan rápido como puede, se golpea contra el borde de la puerta, tropieza, cae...
Gata salta al suelo y deja a Perro.
Perro se queda quieto.
Perro no respira.
Gata sabe que Perro está muerto. Gata se lame la sangre de las uñas y de los dientes con su áspera lengua.
Gata se ha deshecho de Perro.
Gata se vuelve para mirar pasillo adelante, donde Bebé llora a gritos.
Y ahora a por el «otro».
Gata comienza a arrastrarse pasillo adelante...




Segundo relato. De un desconocido libro, llamado "Sueños", del archiconocido autor J.J. Benítez . Sí, sí, el de Caballo de Troya (¿por qué número va ya?). Se trata de un volumen que recoge sus pensamientos y sentimientos más íntimos. Y, en concreto, este relato es bastante actual, y a la vez impactante. Hablamos de un libro escrito a principios  de los ochenta. Opinad vosotros.



LOS INHUMANOS (J.J. Benítez)

A los que respetaron mi libertad..., antes de nacer.

En el tiempo mágico y de cristal de los sueños, dos seres —recién llegados al mismo mundo— se hicieron amigos.
Cada día, desde la roja oscuridad de sus claustros maternos, los nuevos fetos intercambiaron esperanzas.
Pero un día, uno de los seres se sintió morir.
Y en la angustia de su soledad llamó al hermano de gestación...
—Algo ocurre con mi cuerpo. He sentido el dolor de una espada que me ha cruzado de parte a parte. ¡Y la vida se me va!
Pero el segundo ser guardó silencio.
—¡Oh, hermano, responde a mi angustia! ¿Por qué me siento morir si todavía ni siquiera he nacido?
Y el segundo respondió, al fin:
—Tu etapa ha sido corta. La vida se te escapa.
—¿Por qué?
—Tus padres no te desean.
—¿Y voy a morir?
—Me temo que sí.
En la burbuja de los sueños, aquel nuevo ser lloró con lágrimas de vacío. Con el llanto negro de los impotentes y encadenados...
—¿Por qué, por qué? —repetía sin cesar.
—¿Es que no sabes que el mundo en el que hemos sido concebidos tolera y admite la muerte de aquellos que, como nosotros, todavía no han visto la luz del Planeta?
—Pero el derecho a la vida es prioritario a cualquier otro derecho.
—Sí, pero sólo para los que ya han nacido...
—¿Y qué me dices de la Ciencia? La Biología y la Genética han demostrado que la vida de todo ser humano comienza en el instante mismo de la concepción...
—Eso son «músicas celestiales» para los ya nacidos. Está claro que los hombres del mundo llamado Tierra se deshacen siempre de aquello que les molesta, diga lo que diga la Ciencia.
—¡Oh, Dios! Pero entre los seres humanos, ninguno es inferior a otro. Ninguno debe carecer de derechos.
—A pesar de eso, tú no nacerás.
—¿Cómo puedo defenderme? ¿Cómo puedo gritarles que siento y que vivo?
—No puedes.
—Entonces, mi muerte es injusta. No he sido juzgado siquiera. ¿Cuál es mi delito?
—Haber aparecido sobre la faz del Planeta. Ésa es tu culpa. No hace falta que te juzguen. Los ya nacidos lo harán por ti.
—¿Cómo puedo decirles que tengo grandes planes, que quiero ser un gran investigador, que llevo en mí el secreto para resolver graves problemas?
—Tampoco puedes. Con mucha suerte, tan sólo podrás gemir en un cubo de la basura.
El nuevo ser se estremeció. Sintió cómo los latidos de su pequeño corazón se hacían cada vez más desacompasados...
—¡Hermano, ayúdame! ¡Me muero!
—Nadie puede hacer nada por ti.
—Pero, ¿y mi madre? ¿Por qué ella sí pudo nacer v yo no? ¿No dicen que la libertad es para todos?
—Dicen.
—Dime, ¿por qué les molesto?
—Afirman que eres un lastre para su «libertad individual» y para su «realización personal». Además, tu presencia significa nuevos gastos. Más dinero.
—¿Y el amor?
—Esa flor no es natural de este Planeta.
—Pero, ¿por qué yo muero y tú no? Ambos hemos sido concebidos al mismo tiempo. ¿Por qué tú vivirás y yo no?
El segundo feto guardó un nuevo y prolongado mutismo. Pero, al fin, respondió:
—Es que yo, hermano, no soy un ser humano. Yo soy un perro.

miércoles, 24 de abril de 2013

Y la cita cinéfila de esta semana. Una de mis favoritas. ¿Quién la dice y en qué película?:

"¿Quién es el dueño de esta pocilga?"

El primer cuento que incluyo es "Náufragos", de Esteban Padrós de Palacios. Se trata del relato que abre el libro "Aljaba", que cayó en mis manos, no sé cómo, cuando era un adolescente. Sinceramente, me impactó. Y otros muchos de los relatos incluidos en el volumen. Es necesario recuperar a este dentista - escritor que con tanto acierto desarrolló este género en los años cincuenta y sesenta.
Espero que os guste.



NÁUFRAGOS (Esteban Padrós de Palacios)

   La balsa, abandonada a los caprichos de la corriente y sin ninguna voluntad que la rigiera. Unas tablas carcomidas. Un palo con unos calzoncillos flotando al viento. Dos hombres echados sin que el sol pudiese herir, ya, sus pupilas ausentes.
   —Tengo sed —dijo García, que era un náufrago vulgar.
   La balsa entraba, en aquel momento, en la playa de Miami. Canoas, bañistas, mujeres extraordinarias.
   —Oigo voces...
   —Espejismo —sentenció García, siempre mirando al sol.
   —Sí, espejismo...
   Los bañistas comentaron:
   —Qué gentes más raras. Ya no saben qué hacer para llamar la atención.
   —Yo lo encuentro de mal gusto...
   Y la corriente, poco a poco, arrastró de nuevo la balsa hacia el océano Atlántico.
   Los dos náufragos iban llegando a este punto en que resulta tan difícil morir...

Comienzo hoy este blog con un objetivo: presentar y compartir dos de mis singulares pasiones, que son las citas de cine y los relatos breves.
Me encanta el cine, me encanta un buen guión desarrollado por unos actores que den credibilidad a la palabra. Pero, sobre todo, me encantan los diálogos: aquellos trabajados y pensados que te dejan con una sonrisa en los labios, o con un pinchazo en el pecho, o con un pellizco en el cerebro...
Por eso quiero compartirlos, para el que quiera gustarlos...
Además, adoro la literatura breve. También la muy breve. No soy escritor. Tan sólo me han publicado dos microrrelatos en sendas antologías, y alguno más en antiguas revistas. Pero me encanta sentirme seducido por unas breves palabras que condensan todo un sentimiento...
Quiero mostrar aquí, también, los relatos que más me han conmovido, emocionado, asustado, impresionado o divertido. Y alguno mío...